Andy Murray y el arte de perseverar para llegar a la grandeza

Andy Murray
 
El tenis mundial ha estado liderado por cuatro hombres en los últimos 15 años: Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray. Conocidos como el Big Four. Sin embargo, dentro de este sinfónico cuarteto, hay un jugador que pese a ser de los mejores en el orbe, el deporte tardó muchos años en recompensarlo como él quería. 
 
Andy Murray logró escalar hasta el primer lugar de la ATP con 29 años encima, una edad poco habitual para hacerlo, pero que demuestra cuál ha sido el ingrediente principal en la carrera del escocés durante sus más de 10 años de profesionalismo: la perseverancia. 
 
 Durante una década, Andy ha tenido que luchar con tres de los mejores tenistas de la época contemporánea y (probablemente) de la historia. Muchos podrían pensar esa coincidencia como una muy mala suerte, pero Murray se ha encargado de revertir esa situación, al punto de ponerse a la altura y ser considerado en ese grupo de élite. 
 
Acostumbrado a ser visto como ese tenista que jugaba bien, pero era un gran perdedor (sus múltiples finales perdidas en torneos de Grand Slam son parte de su carta de presentación), Murray dio su primer golpe de autoridad en 2012, al ganar el US Open frente a Novak Djokovic, uno de sus eternos rivales. 
 
El ascenso del británico continuó firme y en 2013 llegó uno de los momentos que mayor gloria ha vivido y con ello el reconocimiento y respeto de todo el Reino Unido. De nueva cuenta ante el serbio, Andy se convirtió en el primer jugador británico en conquistar Wimbledon después de 77 años, rompiendo con una larga maldición en el All England Club. 
 
En 2016 el momento cumbre de Braveheart por fin llegó. Si bien su historial frente a Djokovic, Nadal y Federer no era positivo, Murray, con su perseverancia como estandarte, nunca se dio por vencido y estuvo atento para aprovechar los momentos de mayor flaqueza de sus grandes rivales. 
 
Los problemas físicos de Roger y Nadal, sumado a la gran baja de juego por parte de Djokovic, fue el momento perfecto para que Andy se hiciera con 5 torneos de gran relevancia (considerando Grand Slams y Masters 1000), incluido su segundo Wimbledon y el ATP World Finals, y por fin alcanzar el primer lugar en el ranking. 
 
Fueron 12 años de espera, y ocho desde que estuvo por primera vez en el segundo puesto, para que Murray alcanzara la plenitud como tenista. Fue más de una década de lucha, caídas, renaceres, pero a finales de 2016 el escocés tuvo el placer de verse como el mejor de todos y ser considerado el rival a vencer. No el gran perdedor. 
 
Andy no tiene la cantidad de Grand Slams que otros tenistas, incluidos sus contemporáneos. En su vitrina “apenas” relucen tres grandes (dos Wimbledon y un US Open), pero es ese mismo número el que también lo hace grande, porque dentro de una era dominada por una tercia, el británico se encargó de arrancarles un gran pedazo de ese pastel, se ha superado y, sobre todo, ha sido capaz de mirarlos de frente.
 
Por eso su nombre es parte de ese Big Four que ha acaparado el tenis y que en la actualidad se mantiene como su líder, pues el número uno sigue en sus manos.